(1821-1867)
Charles Pierre Baudelaire nació el 09 de abril del año 1821 en París (Francia).
Su padre François había sido sacerdote y ya tenía sesenta años cuando se casó con la joven veinteañera Caroline Dufaÿs.
François falleció en 1827 y su madre se casó con otro hombre, el general Jacques Aupick, al que el pequeño Charles no recibió con demasiado agrado.
Baudelaire estudió en el Colegio Real de Lyon y en el Liceo Louis-le-Grand de Paris.
Decidido a vivir de la escritura, abandonó la carrera de Derecho que había iniciado en 1840 y comenzó a frecuentar el Barrio Latino.
En la capital francesa dio rienda suelta a su vida bohemia, vistiendo con elegantes ropas y consumiendo opio, abastecido pecuniariamente por la herencia de su padre.
En esa época, y en una de sus habituales visitas a los burdeles parisinos, contrajo la sífilis, enfermedad que volvió a sufrir en venideros años.
Para intentar que se olvidara de su afición a la escritura y la vida disoluta, su madre le envió en un barco hacia las Indias, pero Charles regresó a Francia después de arribar en la Isla Reunión.
En el año 1842 inició una relación amorosa con la actriz mulata Jeanne Duval, con la que estuvo toda su vida al margen de otros flirteos esporádicos con Marie Daubrun o, entre otras, Madame Sabatier.
El caudal hereditario de su progenitor fallecido cesó en 1844 por sentencia judicial, lo que inundó de deudas a Baudelaire. Desesperado, intentó suicidarse en el año 1845. Tras el mal trago, el parisino comenzó a trabajar con éxito como crítico de arte y literatura.
Tres años después del intento de suicidio, en 1848 estalló la revolución en Francia, movimiento sociopolítico en el que Baudelaire participó activamente. Ese mismo año también fundó el periódico “Le Salut Publica” y comenzó a traducir al escritor estadounidense Edgar Allan Poe, tarea que le ocupó hasta 1865.
En el año 1864 se trasladó a residir con Jeanne a la ciudad belga de Bruselas.
Las enfermedades se cebaron en el escritor. Reapareció la sífilis y sufrió un ataque cerebral que le dejó paralítico.
Regresó a París en 1867, falleciendo el 31 de agosto de 1867.
Tenía 46 años de edad.
Está enterrado en el cementerio de Montparnasse.
Su poesía se caracteriza, desde una perspectiva mordaz y un sentimiento de desabrigo, por una búsqueda constante de la belleza formal, lo que le incluyó en el parnasianismo, aunque su personalidad literaria estaba al margen de las corrientes y modas.
Respecto a su faceta crítica, es el autor de obras tan importantes como “El Salón de 1845” (1845), “El Salón de 1846” (1846) o la póstuma “El Arte Romántico (L’art romantique)” (1868). Como ensayista destaca con “Los Paraísos Artificiales” (1860), libro centrado en el universo sensorial en base a experiencias con alcohol, opio y hachís. También, con el alcohol y el hachís por medio, publicó con anterioridad a “Los Paraísos Artificiales”, el pequeño ensayo “Del Vino y Del Hachís” (1851).
Baudelaire fue precursor del movimiento simbolista. De este movimiento formaron parte poetas como Arthur Rimbaud, Paul Verlaine o Stephane Mallarme.
Paradigma del escritor maldito y poeta decadentista, fue juzgado tras la publicación de su obra maestra “Las Flores Del Mal” (1857), un libro de poesía considerado inmoral en su época.
Retrato Cristian Leaño de Charles Baudelaire Argentina
El amor según Baudelaire:
EL AMOR Y EL CRANEO
Viñeta antigua
El amor está sentado en el cráneo
de la Humanidad,
y desde este trono, el profano
de risa desvergonzada,
sopla alegremente redondas pompas
que suben en el aire,
como para alcanzar los mundos
en el corazón del éter.
El globo luminoso y frágil
toma un gran impulso,
estalla y exhala su alma delicada,
como un sueño de oro.
Y oigo el cráneo a cada burbuja
rogar y gemir:
-Este juego feroz y ridículo,
¿cuándo acabará?
Pues lo que tu boca cruel
esparce en el aire,
monstruo asesino, es mi cerebro,
¡mi sangre y mi carne!
La muerte según Baudelaire:
Remordimiento póstumo
Cuando te halles durmiendo, mi bella tenebrosa,
Dentro de un monumento hecho de mármol negro,
Y cuando sólo tengas por alcoba y palacio
Una cueva lluviosa y una fosa profunda;
Y la piedra, oprimiendo tu pecho temeroso
Y tus flancos que pule seductor abandono,
Tu corazón no deje latir ni desear,
Ni correr a tus pies detrás de la aventura.
La tumba, confidente de mi ensueño infinito
(Porque la tumba siempre comprenderá al poeta),
En esas largas noches de donde el sueño ha huido,
Dirá: “¿De qué te sirve, cortesana imperfecta,
No haber sabido nunca lo que lloran los muertos?”
- Y tu piel roerá el verme como un remordimiento.
La soledad según Baudelaire:
¿Qué dirás esta noche, pobre alma solitaria…
¿Qué dirás esta noche pobre alma solitaria,
Qué dirás, corazón, marchito hace tan poco,
A la muy bella, a la muy buena, a la amadísima,
Bajo cuya mirada floreciste de nuevo?
-El orgullo emplearemos en cantar sus loores;
Nada iguala al encanto que hay en su autoridad;
Su carne espiritual tiene un perfume angélico,
Y nos visten con ropas purísimas sus ojos.
En medio de la noche y de la soledad,
O a través de las calles, del gentío rodeado,
Danza como una antorcha su fantasma en el aire.
A veces habla y dice: «Yo soy bella y ordeno
Que por amor a mí no améis sino lo Bello;
Soy el Ángel guardián, la Musa y la Madona».

